Cartagena de Indias, Colombia

Historia

En el centro de Cartagena se recuperó una antigua residencia decorada ahora con detalles que privilegian el pasado y aprovechando sus elementos para que la zona moderna no desentone con la colonial.

El salón alargado, paralelo a la piscina, es el principal sitio de reunión de la casa, y aunque forma parte de la zona moderna, tiene algunos muros antiguos. Al fondo se ve una escalera irregular de dos tramos, que da acceso al segundo piso donde hay tres habitaciones. Este megaespacio tiene cuatro y medio metros de altura, cinco metros de ancho y 14 de largo. “En este pabellón el evento privilegiado y la protagonista es la vista de la parte antigua de la casa”, cuenta el arquitecto Eduardo Franco. En uno de los extremos del gran salón posterior se propuso este acogedor rincón, dispuesto con base en los contrastes y amalgamas de lo antiguo y lo moderno.

 

Aunque la cocina forma parte del espacio del salón posterior, se puede separar, y para no depender de este se le adecuó iluminación cenital. Los plateros son a la vista como en las casas viejas. La carpintería se realizó con base en puertas originales encontradas en la casa, y se empleó matamba para algunas de las puertas de la alacena, y ceiba para la de acceso.

Todo el mobiliario fue diseñado como parte del proyecto, de mampostería de ladrillo, imitando el patrón del uso antiguo.En el piso se construyó un enrejado para conservar el pozo de siete metros de profundidad.

La casa tiene iluminación cenital en las partes oscuras y pequeños nichos para dar ingreso a la luz natural, todo lo cual le confiere un aire misterioso al espacio, en armonía con el vetusto ambiente. Los muros no son rectos por la conformación irregular del lote, y eso le da carácter e identidad a la casa, pues así la zona moderna se hace coherente con los muros antiguos.

Una acertada mezcla de la arquitectura colonial, que apela a los elementos propios de esa época para el diseño de la parte moderna, dio vida a esta casa de recreo, ubicada en el barrio San Diego, de Cartagena. Mimetizada entre fachadas coloridas que conservan ciertas características de la época en que los españoles edificaron esta cálida ciudad, la blancura de su frente y los balcones originales apenas si insinúan la amplitud del lote donde se encuentra este nuevo proyecto.

La recuperación y adecuación estuvieron a cargo de Eduardo Franco, quien se ha empeñado en que su trabajo tenga un sello muy colombiano, pero también que las casas que desarrolla respondan a la tipología que le otorga cada región, gracias a lo cual hay alguna variedad y autenticidad en la arquitectura del país. Por estas características, el propietario escogió al arquitecto para que llevara a cabo su sueño de volver a tener una casa en la ciudad amurallada que tuviera zaguán, un gran salón adelante, solar, y la mayor parte de las condiciones de las casas antiguas de la ciudad, pues junto con esa arquitectura deseaba recuperar su memoria de infancia.

Aunque hoy San Diego está poblado con una buena cantidad de casas de recreo y hoteles como el Santa Clara, en la Colonia fue un barrio popular con una serie de aljibes o pozos donde se recogían aguas lluvias para regar huertas o lavar ropas.

Al empezar la intervención en esta construcción –que estaba muy deteriorada–, Franco encontró cuatro de esos pozos y un tanque de almacenamiento y decidió conservar dos, así como todos aquellos muros y techos que pudieran restaurarse. De esta forma logró que un buen porcentaje de la parte del frente preservara su antigüedad, mientras que en la posterior se hicieron las adecuaciones modernas. La principal de ellas la constituyó la construcción de una piscina alargada de 14 metros –con sol la mayor parte del año–, que fue posible gracias a que la casa se tiende en un lote con forma irregular de bota: aunque la fachada es estrecha, tras pasar el zaguán, el salón principal y un solar, las dimensiones traseras se amplían.

El otro elemento que determina la calidez del ambiente y mantiene el estilo colonial, son las paredes: en la parte antigua se restauraron los muros, dejando a la vista la piedra coralina y el ladrillo con que se hizo cada etapa de la casa, terminados en cal aquellos que eran blancos pero irregulares. Estas texturas le otorgan riqueza visual al espacio con un sencillo recurso arquitectónico que hace innecesario cualquier componente adicional de la decoración.

Los pocos objetos que le confieren vitalidad al lugar son artesanías colombianas, materiales autóctonos como la madera de cedro para las mesas o algodones para la cojinería. Además, la iluminación indirecta lograda con luces incrustadas en las paredes, corrobora el estilo dramático de la construcción colonial, pues sugiere ese ambiente velado que daban los candiles de otras épocas y destaca las texturas de los muros y paredes.

 Los dormitorios del primer piso, cada una de 25 metros cuadrados, y baño incluido. En sus paredes se dejaron a la vista los cambios de textura que denotan las etapas de construcción de la casa, lo cual se constituye en un acento decorativo acorde con la historia del espacio.

El baño del segundo piso tiene iluminación natural y está enchapado solamente en la zona húmeda. El lavamanos fue hecho a mano, sobre un tablón.